Friday For Future – Argentina

Una radiografía del Cambio Climático

Por: Matías Martínez Sella

 

A estas alturas del siglo XXI ya más o menos existe en el conjunto de la ciudadanía una conciencia generalizada o, al menos, una vaga idea de que en el mundo tenemos importantes problemáticas ambientales. Basura, contaminación con plásticos, extinción de especies, contaminación de ríos, lluvia ácida, daños en la capa de ozono, cambio climático… En algún momento seguro nos hemos enterado de al menos uno de estos u otros problemas.

Sí, tal vez, no tenemos tan claro la magnitud de cada problemática, las causas, o cuál es la más urgente; y en esto último me voy a detener. Al día de hoy el mundo se enfrenta a un problema ambiental que es el más urgente a abordar, tanto por sus consecuencias para la vida sobre la Tierra como por su vínculo transversal con las demás problemáticas: el Cambio Climático.

Pero primero vayamos un poquito para atrás: ¿Cuándo comenzó todo este gran lío?

Antropoceno y problemática ambiental

Gran parte de la comunidad científica a nivel mundial coincide con que todo este lío comienza con la Primera Revolución Industrial y, a su vez, marcan este hito como el inicio de una nueva etapa geológica: el Antropoceno. La comunidad ha propuesto nombrar así a esta nueva época geológica que transitamos para suceder o reemplazar al denominado Holoceno -periodo postglacial-, debido al significativo impacto global que las actividades humanas han tenido sobre los ecosistemas terrestres durante estos últimos 250 años.

El Antropoceno se caracteriza por ser un periodo geológico en el cual la actividad humana ha provocado abrumadores cambios biofísicos en el suelo, el aire, el agua y las especies vegetales y animales con respecto al estado anterior. Y ha sido justamente el desarrollo económico e industrial el motor de esa depredación ambiental, tomando diversas formas a lo largo de la historia, fundamentalmente en función de los formatos de las consecutivas revoluciones industriales y los factores determinantes que las hicieron posibles. En la Primera Revolución Industrial (1770-1830) el factor determinante fue el carbón, combustible clave para alimentar la famosa máquina de vapor; en la Segunda (1870-1914) las claves fueron el petróleo y la electricidad; en la Tercera (1960-1980) fue la electrónica; y en la Cuarta -que estamos atravesando actualmente- la informática. Y entonces… ¿Con el Cambio Climático qué? Ahí vamos.

Cambio climático y calentamiento global

¿Es lo mismo decir cambio climático que calentamiento global? Casi, pero no. En su definición minimalista, el Cambio Climático es la modificación de las características climatológicas del planeta Tierra -temperaturas, humedad, precipitaciones, vientos-, y va tomando diversas formas según cada ubicación geográfica. Y ocurre que, en ese sentido, el cambio climático a nivel general provocado por el Antropoceno es el calentamiento global.

El calentamiento global es el aumento de la temperatura promedio de la atmósfera terrestre que se ha dado desde el inicio del Antropoceno hasta la actualidad. Las últimas mediciones indican que la temperatura promedio global ha aumentado alrededor de un 1,2°C con respecto a los valores preindustriales, y se estima que, si el planeta llega al 1,5°C por encima de aquellos valores primitivos, estaremos ante una catástrofe irreversible, con fenómenos tanto previsibles como no previsibles.

Ahora bien… ¿Qué es concretamente lo que provocó el calentamiento global? Esto ha sido consecuencia del aumento de la concentración de los gases de efecto invernadero (GEI) que se encuentran en la atmósfera, siendo el principal de estos gases el dióxido de carbono (CO2). ¿Y por qué ha aumentado la concentración de los GEI? Básicamente por dos cuestiones: 1) por la destrucción progresiva y masiva que la humanidad hizo de los bosques nativos y sus árboles, que son importantes captadores naturales, ya que para vivir toman dióxido de carbono de la atmósfera y liberan oxígeno; y 2) por el aumento sostenido de las emisiones de, principalmente, CO2 provocadas por la enorme quema de combustibles fósiles que ha demandado el progreso industrial y económico. Dicho progreso ha demandado grandes cantidades de energía calórica y eléctrica para hacer funcionar las máquinas, los transportes, y esa energía siempre ha sido obtenida en su mayoría hasta el día de hoy a partir de la combustión del carbón y de los derivados del petróleo; y todo proceso de combustión libera energía, pero también dióxido de carbono, ese gran causante de todo este lío.

¡Y ojo! Los gases de efecto invernadero son necesarios para la vida sobre el planeta Tierra. Estos gases causan que una parte de la energía calórica del Sol quede almacenada en nuestra atmósfera, generando así temperaturas adecuadas para el desarrollo de la vida animal y vegetal. De lo contrario, si estos gases no existieran, la Tierra sería un planeta congelado y no sería posible la vida. Pero, como dije, la actividad humana provocó un aumento desmedido de la concentración de estos gases, alcanzando ahora niveles tales que han pasado a ser nocivos.

¿Por qué es el más urgente?

De todas las problemáticas ambientales que padece el mundo, el Cambio Climático es la más urgente por una cuestión básica: si no cambiamos el rumbo, en muy pocos años la humanidad se enfrentará a catástrofes socioambientales irreversibles. Se dice que, de seguir todo igual, entre 2025 y 2030 el mundo llegaría a ese umbral que marqué anteriormente de 1,5°C por encima de los valores pre industriales. Esta información fue arrojada por los científicos en el Acuerdo de París de 2015 de la ONU. Dicho Acuerdo estableció ciertas metas de reducción de emisiones, y allí fue donde los científicos advirtieron sobre la inminencia de la llegada a ese punto de 1,5°C de no retorno, el cual sería realmente catastrófico. Es un punto irreversible, con fenómenos previsibles y no previsibles. Dentro de los fenómenos previsibles se encuentran el derretimiento de glaciares y polos, con la consecuente inundación de grandes ciudades costeras de todo el mundo, y mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como olas de calor, sequías, inundaciones, fuertes nevadas, huracanes, extinción de especies, entre otros. Y a esto lo hace más grave la posibilidad de fenómenos no previsibles, que con las herramientas de proyección con que cuenta la ciencia hoy no podemos llegar siquiera a imaginar. ¿Incluida la extinción humana? Debemos saber que, si todo sigue igual, vamos camino a eso. Y nuestra extinción sería el último punto de esa larga agonía, porque ocurre que hay un montón de cuestiones más en el medio. Se advierte que, de seguir así, en algunos años va a empezar a escasear la tierra, el agua y el alimento; los fenómenos climatológicos cada vez más adversos producirían problemas en la producción de carnes y vegetales, por lo cual, inevitablemente, disminuiría la disponibilidad de alimentos, lo que provocaría que el ser humano comience a pelearse por ellos y los demás recursos escasos como el agua. Esto pareciera de película, pero es así. Al escasear ciertos recursos, se desencadenarían serios conflictos sociales e internacionales en ese sentido.

En definitiva, podemos intentar abordar diversos problemas ambientales, pero si no abordamos éste de manera urgente, la humanidad corre grave peligro de enfrentarse en muy pocos años a una catástrofe socioambiental sin precedentes, y hasta la extinción misma.

¿Cuáles son las variables determinantes de la emisión de GEI?

Ésta es una cuestión más técnica, pero que es muy importante visualizar para comprender la raíz del problema: Hay básicamente 4 factores que determinan cuándo una sociedad emite más o menos gases de efecto invernadero, y están expresadas en la ecuación denominada “Identidad de Kaya”. Esta expresión matemática identifica que el total de emisiones de carbono emitido por una sociedad depende de: 1) La población; 2) el ingreso per cápita; 3) la intensidad energética de la matriz productiva; y 4) la intensidad de carbono de la matriz energética. Veamos punto por punto.

Primer factor, la población: lógico, ¿no? A mayor población, más emisiones de GEI; a menor población, menos emisiones. Hoy en el mundo somos casi 8.000 millones de habitantes; por supuesto que mientras más habitantes seamos, más emisiones va a haber, y viceversa.

El segundo punto es muy importante también: el ingreso per cápita, y lo voy a desarrollar un poco más unas líneas más abajo. ¿Qué significa este factor? Que cuando una sociedad tiene más poder adquisitivo consume más, al consumir más produce más, al producir más utiliza más energía, y al utilizar más energía genera más gases de efecto invernadero. Es por eso entonces que los países más ricos, con más ingresos per cápita, son los más generadores de GEI, así como también, dentro de un país, son más generadoras de GEI las clases medias y altas que las clases pobres.

El tercer punto es qué tan intensa energéticamente es una matriz productiva. ¿A qué me refiero con esto? A que, por ejemplo, un auto en Alemania puede que se fabrique utilizando menos energía en su proceso productivo que un auto fabricado en Estados Unidos; y así puede haber un montón de ejemplos más.

Y el cuarto punto es qué tan intensa en carbono es la matriz energética de una sociedad. Voy al mismo ejemplo: tal vez en Alemania, que es un país que está bastante avanzado en las energías renovables y limpias, se produce la misma cantidad de un producto con mucha menos energía fósil en su proceso productivo que, por ejemplo, el mismo producto en Estados Unidos.

Pero entonces… ¿Cómo revertimos el cambio climático?

Con estas premisas, ahora: ¿cómo hacemos para revertirlo? Básicamente, en primer lugar, deteniendo el crecimiento de la población mundial. Esto es polémico, porque alguien podría decirme que estoy en contra de la vida, pero la verdad es que no, lo que se propone no es que la cantidad de personas que habitamos la Tierra se reduzca a cero, sino que vayamos hacia un gran acuerdo global para que la cantidad de individuos de nuestra especie sea sostenible para, justamente, no extinguirnos y, a su vez, frenar un poco nuestro egoísmo especista y dejar espacio para que las demás especies animales y vegetales con las que compartimos el planeta puedan desarrollarse plenamente, logrando así un sano equilibrio con el ambiente que nos rodea y del cual depende nuestra existencia. Afortunadamente hay estimaciones que proyectan que el crecimiento de la población mundial se estaría estancando más o menos para el año 2100; pero bueno, falta bastante todavía para eso.

En segundo lugar, básico: Frenando las deforestaciones y emprendiendo acciones de reforestación. Una acción que indirectamente colabora con esto es disminuir el consumo de alimentos de origen animal, ya que la producción animal demanda proporcionalmente más superficie de suelo cultivable que la de vegetales. En tercer lugar, redistribuyendo de manera más justa la riqueza económica mundial y, por ende, disminuyendo el consumo derrochador de las clases medias y altas. Es realmente insostenible que ciertas sociedades consuman tanto, porque eso genera grandes emisiones de GEI y un desmedido deterioro ambiental.

En cuarto lugar, mejorando la eficiencia energética de todas las actividades humanas posibles y, como último punto, que las matrices energéticas de las naciones y del mundo migren desde un sistema que es básicamente de matriz fósil a uno de matriz limpia y renovable.

¿Y quiénes son los mayores responsables de hacerlo?

Esto también es muy importante: no todos tenemos las mismas responsabilidades con respecto al calentamiento global. Entonces, ¿quiénes son los mayores responsables? Son justamente los países más desarrollados, porque el 55% de las emisiones de dióxido de carbono acumuladas -o sea, ese aumento de 1,2°C del promedio de la temperatura mundial desde los valores preindustriales hasta hoy- las explican Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, Canadá, Japón, Corea del Sur y Australia, siendo que estos países son apenas el 14% de la población mundial. Entonces no podemos permitir que a los países del Tercer Mundo nos hagan pagar el costo del cambio climático. Es decir, la humanidad no le puede pedir el mismo esfuerzo de lucha contra el cambio climático a un rico de clase alta de Estados Unidos que a una persona que vive en la indigencia en África. Todos los países y todos los ciudadanos debemos hacer esfuerzos, pero algunos más y otros menos, cada uno en su justa medida.

La eterna disyuntiva del Tercer Mundo

¿Qué pasa en el Tercer Mundo con la lucha contra el cambio climático? El Tercer Mundo siempre estuvo -y lo sigue estando- en una disyuntiva: hacer que sus economías crezcan a costa de la depredación ambiental o preservar sus ecosistemas, pero seguir siendo pobres. El claro ejemplo es esa famosa etiqueta que dice que Argentina fue y debe seguir siendo “el granero del mundo”. Pero es claro que, para ser el granero del mundo, tuvo que concretarse en el pasado y en el presente una gran destrucción de bosques y faunas nativas para disponer de suelo cultivable, un vertido de grandes volúmenes de agroquímicos y una gran cantidad de emisiones de GEI. En los países del Tercer Mundo la cuestión ambiental no es y nunca fue prioridad justamente por poseer en general grandes problemas de pobreza, desempleo y desigualdad estructural, siendo estas cuestiones las más prioritarias a resolver y, por ende, las que más ocupan las agendas públicas de los países.

Sin embargo, ésta es una disyuntiva con una cabeza vieja, típica del siglo XX, y afortunadamente el siglo XXI nos abre una puerta para salir de ella: el crecimiento verde. En el mundo ya hay una clara tendencia de ciertos sectores económicos que permiten que las economías crezcan disminuyendo a su vez drásticamente el impacto ambiental. Como marqué al principio, esta Cuarta Revolución Industrial que estamos viviendo en estos momentos es menos intensiva en energía y más intensiva en conocimiento. Quiere decir que en nuestros países podemos luchar contra la pobreza, generar riqueza, generar empleo, sin tener que deteriorar el ambiente como lo fue en el siglo XIX y en el siglo XX. Y ante esto, la obligación es que los países del Primer Mundo redistribuyan sus riquezas en clave de la justicia social y la justicia climática. Estos países deben poner ese esfuerzo en financiar programas para el Tercer Mundo de transición energética, de producción sustentable y para disminuir el hambre en el mundo.

Justicia social y justicia climática

Finalmente, reforzar esto: sin justicia social no hay justicia climática. Para luchar contra este problema hay que hacer una distribución de esfuerzos. Como decía antes, no podemos hacer todas las sociedades el mismo esfuerzo. No se le puede exigir el mismo esfuerzo de lucha contra el cambio climático a una persona que vive en la indigencia en África que a una persona rica de clase alta de Estados Unidos. Primero debe haber una diferenciación de responsabilidades entre países. Como marqué antes, más esfuerzo tienen que hacer los países con más ingreso per cápita, que son de hecho los mayores responsables de las emisiones acumuladas. Y, en el mismo sentido, hacia dentro de los países deben hacer más esfuerzo las clases medias y, mucho, mucho más esfuerzo las clases altas. Torcer este mal rumbo es urgente.

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